¿por qué me quedo en bogotá?

Por Jaime Rodríguez Azuero

Me quedo en Bogotá porque esta ciudad es parte importante de mi vida, en la que he pasado mi niñez, mi juventud y mi adultez, y porque en ella tengo mi familia, mis amigos y ejerzo mi profesión. 

No tiene sentido dejar mi historia, mis herma- nos, la tumba de mis padres, mi empresa, la casa que soñé, mis mejores recuerdos. Llegué a esta querida ciudad a los tres años y he sido su defensor incondicional. A pesar del frío clima y del frío temperamento de sus habitantes, aprendí a amar lo mejor de sus gentes, de sus rincones, de su creciente cultura y maravillosa gastronomía, de su diversa oferta en deportes, eventos y diversiones.

Durante años me he sentido orgulloso de recorrerla y de mostrarla a mis amigos y colegas que vienen del extranjero, provenientes de ciudades que sentíamos más avanzadas, como algunas europeas y norteamericanas, pero en las que no nos sentimos tan a gusto como en Bogotá.

Tal vez por todo ello preferí, antes que quejarme, aprender en mis largas horas de espera, en medio de sus consabidos trancones, a pensar, reflexionar y soñar en proyectos; comprendí que era necesario aprender a vivir bajo nuevas condiciones, a veces difíciles, pero propias del mundo moderno. Sí, por todo ello, antes que sufrirla preferí vivir y gozar de la pujante ciudad, planificada y construida durante décadas, por alcaldes y administradores visionarios que han venido transformando la ciu- dad, dándonos la esperanza de una vida mejor.

Me quedo en Bogotá porque aspiro a una mejoría en el transporte público, en una utilización responsable del carro privado y en unas mejores condiciones para la utilización de la ciclovía, todo lo cual debe redundar en una mejora en la velocidad de la ciudad. Me quedo en Bogotá porque veo con beneplácito una mejora en la movilidad a lo largo de la carrera 7a, merced a los buses híbridos y a los buses del SITP, al carril preferencial para el transporte público y al proceso de construcción de una estación de transferencia en la carrera 7a con calle 100, El Pedregal, gracias a la cual y en complemento con la existente en el Museo Nacional, contaremos con un nuevo corredor público de movilidad carrera 7a, a un precio pírrico.

Me quedo en Bogotá porque quiero ser testigo de la inauguración del intercambiador de Transmilenio, en proceso de construcción en la NQS con avenida 6a, así como de los tramos y estaciones en proceso de ampliación. Aspiro a utilizar la intersección a desnivel de la NQS con calle 94 y otras varias obras en proceso de diseño, licitación y/o construcción.

Me quedo en Bogotá porque soy testigo de la voluntad política de la Nación y del Distrito para construir la primera fase del metro, recuperar las losas de la avenida Caracas, construir la línea de Transmilenio por la avenida Boyacá y pensar en cables y tren de cercanías. Me quedo en Bogotá a la espera de la construcción de la ALO, de la prolongación de las avenidas La Esperanza y Las Américas y del túnel de la calle 170 que nos comunique con La Calera y con la Avenida Perimetral del Oriente (ya adjudicada su construcción), todo ello con total respeto del suelo de protección, de los humedales y de los páramos.

Me quedo en Bogotá a pesar de los impuestos, del precio disparado de la vivienda, de la educación y del costo de vida, porque a pesar de menores precios en otras ciudades no podría vivir en una ciudad diferente a la que vivo: por su nivel de oferta cultural, gastronómica y de servicios; por sus ferias artesanales y de arte; por sus festivales de teatro, de música; por sus museos, parques, ciclovías y escenarios para practicar deportes; por Monserrate, sus montañas, el paisaje de la Sabana y por el azul del cielo.

Me quedo en Bogotá porque hoy es más incluyente que antaño, porque se ha trabajado en salud, educación y recreación para todos; porque ha aumentado la cobertura de los servicios para toda la población y ha disminuido su tasa de desempleo. Porque es más solidaria y porque cabemos todos: los niños, los discapacitados, la población LGTBI, las mujeres cabeza de familia, los adultos mayores, los vendedores ambulantes, los recicladores, los desplazados, los reinsertados.

En fin, por veinte mil razones como las anteriores, me quedo en Bogotá. Desde luego continuaré protestando contra los precios desmesurados que nos hacen pagar comerciantes y empresarios, y continuaré buscando alternativas de precio y calidad dentro de una numerosa y variada oferta en la ciudad.

Me quedo en Bogotá porque confío en que nuestros dirigentes, con el concurso de todos nosotros, ciudadanos responsables, seremos capaces de planificar la ciudad, gestionarla con eficiencia y eficacia y financiar la construcción de una mejor malla vial y local, donde las calles de mi barrio recuperen las condiciones mínimas de calidad a que tenemos derecho.

Me quedo en Bogotá luchando, de la mano de organizaciones cívicas, comunitarias y comunales, por mejorar las condiciones y la calidad de vida de los bogotanos; por promover en los ciudadanos un comportamiento respetuoso con sus vecinos y con el entorno; por construir un respeto por las normas y por la disciplina en la actuación cotidiana de los ciudadanos.

Me quedo en Bogotá porque, a diferencia de otros, soy optimista sobre el presente y futuro de la ciudad que, desde luego, depende de todos nosotros; de nuestro compromiso con ella y con sus políticas; de nuestra participación crítica y constructiva; de nuestro buen juicio para elegir nuestros dirigentes; de nuestro propósito de profundizar en los problemas de la ciudad y de conocer las posiciones que asumen los candidatos a alcaldes, concejales y ediles frente a la problemática de la ciudad.

Me quedo en Bogotá para contribuir a consolidar nuestros sueños y a construir nuestro futuro a través del voto inteligente y responsable en las próximas elecciones de octubre.

Yo sí quiero expresar esperanza y optimismo por el cambio; por el respeto por la discrepancia y con la diferencia; por la tolerancia y la convivencia pacífica; en fin, por una ciudad que le apunte a la equidad, a la educación y al desarrollo. A mis 68 años, considero que es mucho lo que he recibido de la ciudad y que lo mínimo que puedo hacer es devolverle con amor, trabajo y aportes lo mucho que esta me ha dado.

Este artículo recoge expresiones de diversos bogotanos y es respetuoso de cualquier posición, en contrario que expresen otros bogotanos. Sólo pretende provocar un sano debate sobre el tema.

Artículo publicado en la Revista El Nogal No. 201. Marzo 2015. Año 19.